Lavar manos con agua y jabón durante al menos cuarenta segundos antes y después de cada cliente, y usar solución hidroalcohólica al setenta por ciento cuando no hay lavabo inmediato, corta la cadena de transmisión. Prestar atención a palmas, dorsos, uñas y espacios interdigitales. Secar con toalla desechable y evitar joyería mantiene la eficacia y evita reservorios microbianos.
Seleccionar mascarilla quirúrgica o respirador según ventilación y proximidad prolongada al rostro del cliente ofrece control de microgotas sin dificultar la respiración. Guantes se cambian entre procesos sucios y limpios, nunca reemplazan la higiene de manos. Protección ocular se usa ante sprays desinfectantes o vello proyectado, preservando mucosas ante irritantes y reduciendo incidentes evitables durante la sesión.
Uniforme de manga corta lavable facilita higiene, evitando arrastre. Mandil impermeable protege de humedad y residuos, limpiándose entre turnos con desinfectante apto para superficies. Tiras de cuello desechables crean un sello higiénico entre piel y capa, evitando contacto directo con material reutilizable. Sustituir de inmediato si se humedecen conserva la barrera y la comodidad del cliente.